El síndrome del botón rojo

El síndrome del botón rojo es la denominación que suelo utilizar para describir un comportamiento poco reflexivo de los alumnos a la hora de solicitar ayuda en la resolución de dificultades en el aula. En vez de atender a las explicaciones, leer las instrucciones proporcionadas, procesar la información y decidir los pasos a seguir en función del contexto que se les presenta,algunos alumnos optan por obviar todas esa información y limitarse a exigir que pulses su particular “botón rojo”.

El comportamiento típico es similar en todos los casos. Levantan  la mano con una carita desesperada y nerviosa, no paran de llamar y preocupados te hacen la pregunta mágica: “¿qué hago ahora?” señalando la pantalla de forma dubitativa. No esperan una explicación de contexto frente a la dificultad ni las indicaciones para resolverla, y sus oídos se niegan a escuchar codificando las palabras del profesor en un galimatías imcomprensible que es mera cháchara, hasta que los avanzados filtros de su mente escuchan la respuesta esperada y llenos de orgullo pulsan el dichoso botón rojo para reiniciar el proceso con un aparentemente inocente: ¿Y ahora qué hago?…

Algunos lo hacen por simple holgazanería, por evitarse la lectura de tres líneas de texto o simplemente porque quieren hacer una tarea sin importarles el aprendizaje que rodea a la actividad. Otros simplemente llevan tanto tiempo utilizando la táctica con padres y profesores que se han vuelto incapaces de valerse por sí mismos y no disponen de autonomía para realizar tareas que resultan simples entre los compañeros. Es una táctica que inicialmente les funciona, porque su insistencia puede ser confundida con interés y preocupación por las tareas encomendadas, pero en poco tiempo se puede observar si es un comportamiento para evitarse esfuerzos en el procesado de información. Llegado el momento, se han convertido en simples imitadores de comportamientos que repiten unas instrucciones inconexas y que son incapaces de actuar en entornos cambiantes: “…pulsar la X, más tres clics y la segunda opción del tercer menú…

Al final, tenemos alumnos que fracasan de forma repetida, carentes de cualquier atisbo de autonomía, pero que se oponen frontalmente a cambiar su propio comportamiento ya que con el tiempo, se han convencido a sí mismos de que la manera adecuada de superar dificultades es que te señalen el dichoso botón rojo para pulsarlo repetidamente. Detectar este comportamiento y cercenarlo de raíz es de vital importancia para lograr que el alumnado desarrolle autonomía en los procesos, que comprenda sus opciones y que escoja de forma adecuada entre las posibilidades que se le plantean.

Existen múltiples ejemplos de dichos comportamientos que se repiten día a día, pero un caso extremo me sucedió hace un par de cursos. Durante una instalación de un sistema operativo, llegaba un instante en el que el ordenador ofrecia DOS opciones: “Cancelar o Continuar”. Y claro, siempre salta el alumno preocupado que pregunta por su particular botón rojo. Tras un par de preguntas siempre acaban con sonrojo ante la situación más propia de un diálogo de besugos: ¿qué estas haciendo? Instalando un sistema operativo…¿Has definido los parámetros básicos necesarios? Si… ¿Entonces quieres instalarlo ya? Si claro, ¿qué botón pulso ahora? ¿Tienes muchas opciones? ¡Cancelar o Continuar! ¿Y cual crees que te acerca a tu objetivo? Entonces, ¿pulso Continuar? Si lo haces, ¿explotará una central nuclear? No, seguirá el proceso de instalación…

Así que aprende, reflexiona y toma tus decisiones que la vida no tiene botones rojos maravillosos para resolver las dificultades. Ni tampoco los encontrarás en ningún teclado del aula, aunque tu profesor te diga con una sonrisa que el siguiente paso a realizar es pulsar el botón rojo…

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