Digamos no a la publicidad

A lo largo del tiempo se nos ha acostumbrado a las típicas cuñas publicitarias en diferentes medios audiovisuales. En la TV acostumbran a realizar parones en la programación para emitirlas o bien las muestran en un banner inferior o las incluyen como parte del propio programa o simplemente la lanzan diciendo que vuelven en un minuto. La radio también es un medio plagado de publicidad de diversos tipos y el Carrusel es un ejemplo extremo de programa publicitario, más bien escuchas publicidad que a gente hablando de fútbol. El fenómeno en la red es de tal magnitud que nos encontramos con muchas más versiones de publicidad: banners, ventanas flotantes, emergentes, cursores animados, patrocinios de noticias, publicidad integrada,… y un largo etcétera de modalidades con color, sonidos y movimiento.

Llevamos ya tanto tiempo sufriendo las penalidades de multitud de servicios de este tipo que el ver una publicidad integrada no demasiado agresiva se está convirtiendo en algo normal y aceptado. Comentando la idea el otro día con compañeros se decía que la publicidad de Google no molesta. Claro, no molesta en comparación con la de otras páginas web pero ciertamente nuestra escala de valor ha cambiado y se adapta a un modelo con publicidad.

Imaginemos por un momento que extrapolamos la idea a otros medios como puedan ser la literatura. ¿Podríamos leer ahora un Quijote con publicidad contextual? ¿Aceptaríamos comprarlo si con ello redujésemos costes? ¿Lo deseamos realmente así? Veamos un ejemplo a continuación que muestra dónde nos lleva el fenómeno y la inercia de los medios de comunicación actuales. ¿Vamos a dejarnos llevar?

Yo digo no a la publicidad…